Me encantan los gordos, lo juro. Es una filia. Y no hablo de gente rellenita a la que le sobran cinco, diez, veinte kilos. Me refiero a aquellas magníficas criaturas de más de 130 que lucen en su cuerpo un bellísimo oleaje celulítico de grasa y michelín. Excitan mi imaginación visual cinematográfica de manera instintiva, visceral, salvaje.

Este año quise introducir en "Vité" un personaje obeso: una chica con poderes telequinésicos que intentaba quitarse la vida. Y aunque busqué y busqué, la caza intensiva de gordos fue infructuosa. Porque estas prodigiosas personas a las que me refiero son, como los dragones, ejemplares únicos y difíciles de encontrar. Supongo que eso los hace tan especiales.

Y los genios lo sabían. Las formas sinuosas de la gente obesa dan movimiento interno, son capaces de dotar de ritmo preciosista a un plano que sin ellos podría ser nimio y aburrido. Pensemos en Fellini, en la puta de Carnivale, en la mujer del señor Nebbercracker de "Monster House". ¡Pensemos en Cherita Chen! Todos gordos, todos bellos, con un cuerpo que es en sí puro movimiento, como el propio cine.

Ayer mantenía una conversación con uno de mis mejores amigos. Se encuentra provisionalmente trabajando en Alemania y me contó su visita a una de estas saunas tan habituales en el país germano. Los alemanes son un pueblo recio aficionado a la cerveza que ha sabido amancebar a sus huestes. Alemania está llena de maravillosos gordos, tipos de tez pálida y cachetes sonrosados que solemos ver en nuestras tierras siempre visiblemente ebrios. Pues imagínense el panorama. Imagínense qué magnífica secuencia cinematográfica. Día de nieve en Karlsruhe. La sauna es un edificio de madera separada del gimnasio por un pasillo al aire libre. Dentro de la sauna, desnudos, maravillosos gordos cuarentones. Señores, señoras. Llenos de michelines, con sus enormes y bellos culos apoyados en toalla blancas. Uno de ellos, de más de 120 kilos, se levanta desnudo y se dirige al exterior a fumarse un pitillo...¡Sale al día nevado a fumarse un cigarro! Y allí fuera, el vaho que exhuda su cuerpo se mezcla con el humo del cigarro y se hace uno. Humo y vaho, vaho y humo. Desnudez obesa bajo la nieve. Díganme que no han visto la secuencia. Plano detalle de las ventanas de la sauna, llena de gordos desnudos). Entra en cuadro por la derecha nuestro gordo de 120 kilos. Lo seguimos en travelling a través de las ventanas hasta que llega al exterior...Después meto un plano grúa porque me gusta volar y es la única manera que conozco de hacerlo... Pero rematémoslo. Cambiemos la realidad. Que el gordo avance bailando, dando volteretas, feliz como un tierno infante.

Y no me vengan ahora con chorradas de corrección política. Me gustan los gordos porque dan movimiento interno.

¡Viva Alemania y sus gentes! ¡Y este indio que encontré en Google! ¡Viva el indio!